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Un nuevo impuesto penalizará el automóvil a partir del 2018

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El impuesto progresivo gravará las emisiones de CO2 y nutrirá un fondo para subvencionar la renovación de la flota de automóviles.

Los ciudadanos catalanes deberán pagar a partir del año que viene el nuevo tributo para turismos y furgonetas, destinado a penalizar las emisiones de CO2 causantes del cambio climático. Así lo recordó el conseller de Territori i Sostenibilitat, Josep Rull, al dar cuenta del informe sobre contaminación del aire del 2016, donde se confirma que la polución en la conurbación de Barcelona sigue estando por encima de los límites fijados por la UE. Los recursos obtenidos con el tributo servirán para nutrir un fondo para renovar la flota de vehículos.

El impuesto del cambio climático es fruto de la entrada en vigor de la ley de acompañamiento de los presupuestos de la Generalitat, que adelantó esta medida ya recogida en el proyecto de ley de Cambio Climático. Con él, la Generalitat espera recaudar 75 millones de euros los dos primeros años y hasta 110 millones de euros en el 2020. La introducción de esta medida de fiscalidad ambiental permitirá nutrir un fondo climático, que servirá para financiar las ayudas a la renovación de la flota de automóviles, aunque un reglamento fijará los criterios. El conseller Rull sacó a relucir esta medida como arma defensiva para aplacar las críticas de cuantos juzgan que las futuras restricciones anunciadas para los vehículos más contaminantes no van acompañadas de soluciones alternativas para renovar el parque de coches.

La Generalitat deberá decidir ahora qué tratamiento dará a las subvenciones que puedan recibir los coches diésel, vehículos en el punto de mira al descubrirse (tras el fraude de los motores trucados), que sus emisiones por NOx son muy superiores a las reguladas por las normas europeas. Rull dijo que este asunto deberá ser discutido, aunque no descartó que estos vehículos puedan merecer las ayudas “si los fabricantes demuestran que han introducido mejoras”.

Las emisiones de los óxidos de nitrogeno es uno de los factores que siguen condicionando la pobre calidad del aire en el área de Barcelona. Así se expone en el informe presentado ayer por el conseller Rull, que calificó el problema de “preocupante, real, actual y crónico”.

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